Fortalecer a las organizaciones sociales, una inversión en el desarrollo de los territorios

Fortalecer a las organizaciones sociales, una inversión en el desarrollo de los territorios

30 septiembre 2026

Hablar de desarrollo territorial no solo implica inversión, infraestructura, empleo o actividad productiva. También supone fortalecer la capacidad de las propias comunidades para organizarse, identificar sus necesidades y construir soluciones colectivas.

En este proceso, las organizaciones sociales cumplen un rol fundamental. Juntas de vecinos, clubes deportivos, agrupaciones culturales, medioambientales, de personas mayores y otras organizaciones conocen de primera fuente sus territorios, articulan a sus comunidades y canalizan necesidades e iniciativas.

En Chile, su relevancia está reconocida institucionalmente. La Ley N°19.418 regula las juntas de vecinos y organizaciones comunitarias, mientras que la Ley N°20.500 reconoce y fortalece la participación de las organizaciones de la sociedad civil en asuntos de interés público.

“Las organizaciones sociales conocen las necesidades de sus territorios, las representan y movilizan a sus comunidades en torno a intereses compartidos. Su aporte muchas veces va más allá de un proyecto, está también en convocar, fortalecer vínculos y construir identidad y sentido de pertenencia. Desde CIDERE buscamos acompañarlas y entregar herramientas que fortalezcan su gestión y les permitan llevar adelante sus iniciativas de mejor manera”.

Catalina Lagos, directora de Desarrollo Social de CIDERE Biobío.

Más que financiar proyectos, fortalecer capacidades

Los fondos concursables, tanto públicos como privados, son una herramienta que permite a las propias organizaciones proponer soluciones para necesidades que identifican en sus comunidades. A través de ellos pueden acceder a equipamiento, mejorar infraestructura o desarrollar iniciativas sociales, culturales, deportivas, ambientales o de preparación frente a emergencias.

Sin embargo, el financiamiento por sí solo no asegura impacto.

Cuando los recursos se complementan con capacitación, acompañamiento técnico, formulación de proyectos, generación de redes y seguimiento, también se fortalecen capacidades que permanecen en las organizaciones una vez finalizado el proyecto.

El desafío, entonces, es avanzar desde la pregunta “¿cuántos recursos entregamos?” hacia otras más relevantes: ¿qué problema ayudamos a resolver?, ¿qué capacidades quedaron instaladas? y ¿cómo puede sostenerse la iniciativa en el tiempo?

De la RSE al ESG: una mirada empresarial que se amplía

La forma en que las empresas se relacionan con sus territorios también ha ido evolucionando.

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) contribuyó a incorporar con mayor fuerza las dimensiones sociales y ambientales en la relación de las empresas con su entorno. Posteriormente, el concepto de valor compartido reforzó la idea de que es posible generar valor económico y, al mismo tiempo, abordar necesidades sociales.

A ello se suma hoy el enfoque ESG o ASG, ambiental, social y de gobernanza, que incorpora estas dimensiones en ámbitos como la estrategia, la gestión de riesgos, la relación con grupos de interés y la toma de decisiones.

Más que etapas que se reemplazan unas a otras, son enfoques que se han ido ampliando y que hoy conviven en las organizaciones, con distintos niveles de desarrollo.

En la dimensión social, aspectos como el relacionamiento comunitario, los derechos humanos, la diversidad e inclusión y las cadenas de suministro forman parte de las materias que las empresas están integrando progresivamente en su gestión de sostenibilidad.

En este escenario, las organizaciones sociales adquieren especial relevancia. No solo como receptoras de recursos, sino como actores capaces de aportar conocimiento territorial, identificar necesidades y participar en la construcción de soluciones junto a empresas y otros actores.

Experiencias desde el Biobío

Durante el último año, CIDERE Biobío ha acompañado distintos programas impulsados por  empresas asociadas que permiten observar esta relación en la práctica.

Camanchaca Somos Todos apoyó a 25 organizaciones sociales de Tomé, Coronel y Talcahuano, con aportes de hasta $1 millón para iniciativas vinculadas a vida sana, medio ambiente, cultura, educación y preparación comunitaria frente a emergencias. Las propuestas surgieron desde las propias organizaciones y sus necesidades territoriales.

En Santa Fe, Los Ángeles, el Fondo ALENA de Mainstream, benefició a 11 organizaciones sociales, permitiéndoles impulsar mejoras en espacios comunitarios y adquirir equipamiento para fortalecer sus actividades.

Por su parte, la Mesa Sur de Coronel, junto a Colbún, ha combinado fondos concursables y acompañamiento con un modelo de trabajo participativo con organizaciones del territorio. Esta articulación ha permitido abordar necesidades comunitarias y desarrollar iniciativas como salas sensoriales para establecimientos educacionales de Coronel.

Los tres casos tienen un elemento común, las comunidades no son únicamente beneficiarias, sino participantes en la identificación de los desafíos y en la construcción de las respuestas.

Fortalecer organizaciones es fortalecer territorios

Una organización social fortalecida puede ampliar su impacto mucho más allá de un proyecto específico. Puede acceder a nuevas oportunidades, generar alianzas, representar las necesidades de su comunidad y movilizar a otras personas en torno a objetivos comunes.

Para las empresas, trabajar de manera colaborativa con estas organizaciones permite también comprender mejor los territorios donde están presentes y desarrollar iniciativas con mayor pertinencia y sostenibilidad.

Porque fortalecer una organización social no significa solamente financiar un proyecto. Significa fortalecer capacidades que permanecen en el territorio y que pueden seguir generando impacto mucho después de que una iniciativa haya terminado.